Secretos en la Lluvia: El Legado de Thomas Voss

Parte 2:

La mano de Noah, pálida y temblorosa, se detuvo a un milímetro del sobre blanco que asomaba bajo la tapa del ataúd de Thomas. El silencio en el cementerio era absoluto, roto solo por el sonido de la lluvia al golpear los paraguas negros.

Martin Voss dio un paso al frente, con el rostro tenso. —Noah, no lo hagas. Esa carta… no es para ti.

Noah lo miró, y por un instante, el niño de seis años desapareció, reemplazado por alguien que había visto demasiadas mentiras. —Si no es para mí, ¿por qué dice mi nombre? —Sus dedos rozaron el papel.

Clara se levantó torpemente del suelo, apoyándose en una de las lápidas cercanas. —Noah, por favor. Thomas no estaba pensando con claridad al final. Las medicinas, el dolor…

—Él sabía exactamente lo que hacía —dijo Noah, su voz sorprendentemente firme—. Él sabía que todos ustedes estaban mintiendo.

Con un movimiento rápido, Noah agarró el sobre y tiró.

Un murmullo ahogado recorrió la multitud. Varias personas intercambiaron miradas nerviosas. El hombre del traje negro, que había permanecido inmóvil hasta entonces, dio un paso hacia el niño, pero Clara se interpuso, negando con la cabeza.

Noah sostuvo el sobre bajo la lluvia. Estaba sellado con cera roja, un sello que reconocía de los documentos antiguos en el despacho de su abuelo. Con cuidado, rompió el sello.

Dentro, había una sola hoja de papel doblada y una pequeña llave de latón que cayó al suelo con un tintineo sordo, rebotando contra la piedra mojada.

Noah desdobló el papel. Las palabras, escritas con la caligrafía temblorosa de Thomas, parecían saltar de la página.

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Para mi querido Noah:

Si estás leyendo esto, es porque la farsa ha terminado, o al menos ha comenzado a desmoronarse. Lamento haberte dejado en medio de este nido de víboras.

La verdad que has descubierto hoy es solo la punta del iceberg. Martin y Clara… no son quienes crees. Y tu verdadero legado no está en esta familia, sino escondido. La llave que cayó al suelo abre algo que te pertenece por derecho de nacimiento.

No confíes en nadie que lleve el apellido Voss. Busca a la mujer de la cicatriz en forma de media luna. Ella sabe la verdad sobre la noche en que naciste, y sobre lo que realmente le pasó a tu…

La carta terminaba ahí, abruptamente, como si a Thomas le hubieran arrancado la pluma de las manos.

Noah levantó la vista del papel, sus ojos escaneando a la multitud. Martin parecía a punto de desmayarse. Clara se había tapado la boca con las manos, los ojos muy abiertos por el terror.

—¿Qué significa esto? —preguntó Noah, su voz apenas un susurro—. ¿Qué le pasó a quién?

Martin se adelantó, intentando arrebatarle la carta. —¡Dámela, Noah! Esas son solo las fantasías de un hombre enfermo.

Pero Noah retrocedió, apretando la carta contra su pecho, y recogió rápidamente la llave del suelo.

—No —dijo Noah, y su voz resonó con una autoridad que no pertenecía a un niño de su edad—. No más mentiras.

El hombre del traje negro, que había permanecido en silencio observando la escena, finalmente habló. Su voz era fría y cortante como el hielo.

—Creo, joven Noah, que has desatado algo que no comprendes. —Sonrió, una sonrisa sin alegría que no llegó a sus ojos—. Prepárate, porque la tormenta apenas comienza.

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Y mientras la lluvia arreciaba, lavando la tierra fresca sobre el ataúd de Thomas, Noah supo que su vida, tal como la conocía, había terminado. Había abierto una puerta que no podía volver a cerrar, y detrás de ella se escondían secretos que harían temblar los cimientos de su mundo. Y él, con solo seis años, estaba a punto de descubrirlos todos.

(Continuará…)

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